Venimos desde adentro de las PyMEs — no de consultoras que nunca gestionaron un negocio. Eso define todo sobre cómo trabajamos.
El patrón del dueño como cuello de botella no es un defecto de carácter. Es un resultado estructural de cómo crecen la mayoría de las PyMEs — de forma orgánica, reactiva, sin detenerse nunca a diseñar cómo deberían fluir las decisiones.
Cuando un negocio arranca, el dueño decide todo porque es el único que sabe todo. Eso tiene sentido. El problema es que a medida que el negocio crece, la estructura de toma de decisiones no crece con él. El dueño sigue decidiendo todo — ahora con cincuenta personas esperando.
Nuestro trabajo es consultoría organizacional, no coaching ejecutivo. No trabajamos sobre la mentalidad del dueño — trabajamos sobre la estructura del negocio. Producimos documentos reales: matrices de autoridad, límites de aprobación, formatos de reporte. Cosas que existen cuando nos vamos.
Decirle a un dueño que "suelte el control" o "confíe en su equipo" sin cambiar la estructura subyacente es un consejo que no se sostiene. Cambiamos la estructura primero. El comportamiento viene después.
El dueño no es la única variable. Los mandos medios necesitan entender la nueva estructura de autoridad, confiar en ella y estar equipados para usarla. Trabajamos con ellos directamente — no solo a través del dueño.
Cada proceso produce resultados tangibles: una auditoría de decisiones, una matriz de autoridad, límites de aprobación, una plantilla de reporte. Estas cosas existen cuando nos vamos. No quedan guardadas en nuestras cabezas ni en nuestra metodología.
No somos una retención permanente. Somos un proceso de ocho semanas con alcance claro y fin claro. El objetivo es instalar algo que funcione sin nosotros — no crear dependencia de consultores.
No somos coaches ejecutivos. No somos terapeutas empresariales. No trabajamos en estilos de liderazgo, patrones de comunicación ni desarrollo personal. Trabajamos en estructura organizacional — específicamente en cómo fluyen las decisiones y quién tiene autoridad para tomarlas.
Las PyMEs argentinas operan en un entorno exigente: volatilidad económica, complejidad regulatoria y una cultura empresarial donde la participación personal del fundador suele verse como señal de compromiso y no como un problema estructural.
Esto hace que el patrón del cuello de botella esté aún más arraigado. El dueño no solo controla las decisiones porque la estructura lo requiere — las controla porque así se ve "ser un buen dueño" en el contexto cultural. Nuestro trabajo aborda tanto la estructura como esa dinámica cultural.